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A pesar de las distancias y los años, la experiencia única del Winnipeg sigue recorriendo las páginas de nuestra historia nacional. Gracias a los relatos y testimonios entregados por sus propios protagonistas, se ha transformado en un vivo ejemplo de la importancia de la memoria colectiva para el mejor conocimiento histórico. Este fue el objetivo emprendido por Jaime Ferrer Mir, quien logró reunir diversos testimonios de algunos de los españoles que llegaron con el Winnipeg a nuestro país, y así darnos la oportunidad de conocer más de cerca esta pequeña parte de nuestra historia.

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Estas son las palabras que, antes de abordar el Winnipeg, Neruda dirigió y entregó impresas en una cartulina a cada uno de los más de 2.000 refugiados españoles.  Fueron palabras que, al menos en algo, intentaban mitigar el dolor de la tragedia y el anhelo inevitable de volver algún día a pisar la tierra natal.

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Si bien las siguientes palabras fueron pronunciadas por Neruda en 1946 para dar la bienvenida a su amigo Rafael Alberti, y, a María Teresa León , la esposa del gran poeta popular español, sin duda, son también aplicables para cada uno de los españoles que llegaron a Chile a bordo del Winnipeg.

Escribió Neruda:

 

En esta tierra de poesía y libertad, estamos contentos de recibiros, jóvenes que defendisteis la libertad al lado de vuestro pueblo. Y ya que llegáis al final del Pacífico, el más ancho camino del planeta dado al mundo por otros españoles peregrinos, que sea éste también el punto de regreso, porque cuando en toda la tierra germina la libertad, tenéis más derechos que nadie para reclamarla para los españoles, ya que fuisteis los primeros en combatir por ella.

Queridos hermanos: os amábamos desde hace tanto tiempo, que casi no necesitábamos escucharos. Vuestra condición de valientes iluminaba desde cualquier rincón las numerosas tierras americanas. Habéis querido atravesar las más profundas aguas marinas del planeta para que miráramos en este minuto vertiginoso vuestros rostros que representan para nosotros la dignidad humana universal. Mirad vosotros también el rostro innumerable del pueblo que os acoge, entrad cantando, porque así lo queremos, en nuestra primavera marina, tocad todos los rincones minerales del ancho corazón de Chile, porque ya lo sabéis, ya os lo habrán contado las guitarras: cuando el pueblo de Chile da el corazón, lo da entero y para siempre a los que como vosotros, de manera tan alta, supieron cantar y combatir.

Chilenos: aquí los tenéis: por su boca hablará España.

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Fuente de imágenes: todomujer.cl

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Las bordadoras de Isla Negra, comenzaron en 1966, motivadas por la señora Leonor Sobrino, vecina del pueblo. Luego, contaron con la permanente motivación de Pablo Neruda para que no desfallecieran en la realización de sus hermosos y laboriosos tapices bordados. A la muerte del poeta, fue la folclorista Charo Cofré quien  ha continuado estimulándolas para mantener vivo su creativo arte.

 

En el libro de memorias “Para nacer he nacido”; Neruda dedica un recuerdo imborrable a estas mujeres artesanas del arte del bordado, diciendo:

 

“En Isla Negra todo florece. Se arrastran por el invierno pequeñísimas flores amarillas, que luego son azules y más tarde, con la primavera, toman un color amaranto. El mar florece todo el año. Su rosa es blanca: Sus pétalos son estrellas de sal.

En este último invierno comenzaron a florecer las bordadoras de Isla Negra. Cada casa de las que conocí desde hace treinta años, sacó  un bordado como una flor. Estas casas eran antes oscuras y calladas; de pronto, se llenaron de hilos de colores, de inocencia celeste, de profundidad violeta, de roja claridad. Las bordadoras eran pueblo puro y por eso bordaron con el color del corazón. Se llaman Mercedes, la señora de José Luis, se llaman Eufemia, se llaman Edulia, Pura, Adela, Adelaida. Se llaman como se llama el pueblo: como deben llamarse. Tienen nombres de flores, si las flores escogieran sus nombres. Y ellas bordan con sus nombres, con los colores puros de la tierra, con el sol y el agua, con la primavera.

Nada más bello que estos bordados, insignes en su pureza, radiantes de una alegría que sobrepasó muchos padecimientos. Presento con orgullo a las bordadoras de Isla Negra. Se explica que mi poesía haya echado aquí sus raíces”, escribió Neruda en septiembre de 1969.

 

Las obras de Las bordadoras de Isla Negra tuvieron éxito nacional e internacional. La primera exposición se hizo en el Museo Nacional de Bellas Artes en el año 1970. Se expusieron 80 telas, las que se vendieron el mismo día de la inauguración. Posteriormente se hicieron numerosas exposiciones en diferentes ciudades del país.

 

En el exterior han expuesto en París (1972), y en la XII Bienal de Sao Paulo de Brasil el año 1973. En 1975, los bordados se exhibieron en el Metropolitan Museum of Art en Miami y en el Musée de L’Athenée en Ginebra.

 

Actualmente funcionan dos agrupaciones de bordadoras: “Taller Las Coincidencias” y “Taller de Bordadoras de Isla Negra, quienes a instancias de Charo Cofré, evalúan la posibilidad de hacerse presentes con su arte en la conmemoración del Septuagésimo Aniversario del arribo del Winnipeg a Chile. Sin duda, será una hermosa sorpresa bordada en tela.

 

Vapor Winnipeg

 

Esta foto muy poco conocida muestra al vapor “Winnipeg” atracado al muelle de Trompeloup, cerca de Burdeos. Fue tomada en junio de 1939, dos meses antes de iniciar su viaje a Chile, mientras sus bodegas eran acondicionadas con literas de madera para trasladar a más de 2.300 refugiados españoles rescatados por Pablo Neruda desde los campos de concentración donde fueron a parar luego de terminada la Guerra Civil Española.