Si bien las siguientes palabras fueron pronunciadas por Neruda en 1946 para dar la bienvenida a su amigo Rafael Alberti, y, a María Teresa León , la esposa del gran poeta popular español, sin duda, son también aplicables para cada uno de los españoles que llegaron a Chile a bordo del Winnipeg.

Escribió Neruda:

 

En esta tierra de poesía y libertad, estamos contentos de recibiros, jóvenes que defendisteis la libertad al lado de vuestro pueblo. Y ya que llegáis al final del Pacífico, el más ancho camino del planeta dado al mundo por otros españoles peregrinos, que sea éste también el punto de regreso, porque cuando en toda la tierra germina la libertad, tenéis más derechos que nadie para reclamarla para los españoles, ya que fuisteis los primeros en combatir por ella.

Queridos hermanos: os amábamos desde hace tanto tiempo, que casi no necesitábamos escucharos. Vuestra condición de valientes iluminaba desde cualquier rincón las numerosas tierras americanas. Habéis querido atravesar las más profundas aguas marinas del planeta para que miráramos en este minuto vertiginoso vuestros rostros que representan para nosotros la dignidad humana universal. Mirad vosotros también el rostro innumerable del pueblo que os acoge, entrad cantando, porque así lo queremos, en nuestra primavera marina, tocad todos los rincones minerales del ancho corazón de Chile, porque ya lo sabéis, ya os lo habrán contado las guitarras: cuando el pueblo de Chile da el corazón, lo da entero y para siempre a los que como vosotros, de manera tan alta, supieron cantar y combatir.

Chilenos: aquí los tenéis: por su boca hablará España.

Anuncios